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La Parapsicología Como Herramienta de Búsqueda

Les sugiero a los navegantes que llegan por primera vez a este puerto que, antes de embarcarse en la lectura de este texto, tengan presente que el mismo forma parte de una serie de mini-cuentos en los cuales se ha llegado a dudar de mi salud mental ..
Quienes han leído la serie de mini-cuentos protagonizada por el primate y la profesora Lezama ya saben que no estoy cuerdo, y por ello no les pido que tengan presente nada.

La Parapsicología como herramienta en la búsqueda de Lezama

El problema de la identidad de Lezama me seguía atormentando …
Como no apareció en los últimos 3 capítulos de “Lost” ya descarté aquella loca teoría, así como también descarté otras que había formulado y no pude llegar a probar.
Mientras esperaba que apareciera por arte de magia algún indicio de Lezama, aproveché para seguir contactando en Facebook a amigos y compañeros del liceo. 
Ninguno de ellos la recuerda o ha oído jamás de ella, y todos se muestran escépticos en relación a su existencia. No quise plantear este problema frente a ningún psiquiatra por temor a terminar internado.
El siguiente y lógico paso a dar era contactar a un parapsicólogo, para así mediante la hipnosis realizar una regresión y dar finalmente con la identidad de mi profe de Literatura.
Para comenzar la búsqueda del parapsicólogo puse los dedos en el teclado, y conjuré al ya fatigado y fastidiado “Google” (cada vez que lo llamo creo sentir desde el parlante de mi PC un “uffa!” seguido de una sarta de improperios que no me atrevo a reproducir).
Como usé un filtro para que el rastreo se realizara únicamente sobre páginas de Uruguay, la consulta me trajo como resultado una serie de opciones solo disponibles en nuestro país.
El primer resultado correspondía a un Parapsicólogo y Tarotista Internacional (con ese título se presenta en su página) que redactó su aviso con tantas faltas de ortografía que probablemente haya sido alumno del Maestro Firpo (les recomiendo leer: La mosca es un incesto – recopilación del ya mencionado docente). Ignoré a esta opción ya que con tantas faltas de ortografía no podía ser jamás el indicado para ayudarme buscar a la profesora.
El profesional de la segunda opción, que debía su nombre a un artista del Renacimiento, se ofrecía a ser mi consejero usando la fuerza del amor. Realmente dudé de sus intenciones cuando leí aquello del “amor” y de la “fuerza” (Cómo me iba a dejar hipnotizar por este individuo? Y si era un depravado que buscaba aprovecharse solo para conseguir sexo?).
Evidentemente también lo descarté, pero esta vez por temor a perder mi hombría (razoné que valía más la pena seguir loco pero con el culo 0 km).
El tercer resultado era un Profesor que se anuncia a través de Mercado Libre, y allí ha detallado su amplia trayectoria y conocimientos (que van desde técnicas ancestrales de Alta Magia Europea a modernas técnicas parapsicológicas). También lo descarté porque sus conocimientos y experticia excedían ampliamente lo que yo buscaba.
El resto de los resultados eran noticias sobre parapsicólogos falsos, y vínculos a páginas fuera de nuestro país. Allí finalizó mi intento de encontrar al parapsicólogo en la web.
Un rato más tarde, luego de atender un par de llamadas de clientes, apagué el PC y con la satisfacción del trabajo cumplido me abrigué para salir hacia casa.
Mientras esperaba al ómnibus me distraje leyendo los carteles que se suelen engrampar a los árboles en espera de captar clientes para todo tipo de actividades/negocios.
Ni la excursión en tren a Minas, ni las clases de guitarra, o la compra de autos al contado llamaron mi atención. El aviso que casi me hacer perder el ómnibus fue el de Doña Cata.
La gastada fotocopia engrampada al árbol proclamaba: “Doña Cata – Parapsicólogía, Videncias, Tarot Egipcio, Literatura Esotérica, Trabajos y Búsquedas – consultas al XXX XX XX o en Florida XXXX” (como ven, no quiero pasarle el “chivo” gratis a Doña Cata).
El aviso en sí, a pesar de publicitar por una vía más humilde, era tan confiable en contenido como el de aquellos que proclamaban sus dones y prodigios en Internet.
Increíblemente mientras como hipnotizado yo leía este aviso, en mis auriculares sonaba el tema “Black Magic Woman” de Santana. Me percaté de esto mientras trataba de subir al 116 (que ya estaba por irse), y llegué a la conclusión de que no podía ser una coincidencia.
Incluso comparando, noté que Doña Cata aventajaba al resto porque una consulta con ella no requería ni trasladarse al interior del país, ni tampoco era una “fría” consulta vía e-mail.
Fuera de Doña Cata, la última opción que me quedaba era llamar al 0900 1711 y que me hipnotizaran por teléfono (asunto que realmente no creía que fuera posible).
Como era de esperar, mi cerebro de primate no logró retener los 7 dígitos que componen el número telefónico de Doña Cata, y no tuve más remedio que esperar al día siguiente para poder ingresar el mismo en la agenda de mi celular.
Luego de un largo rato de indecisiones y dudas, llamé al teléfono de Doña Cata y pedí una consulta sobre las 1300hrs (aprovechando el horario del almuerzo en que permanece cerrada nuestra agencia). Anoté la dirección de la prodigiosa mujer y seguí trabajando.
Al mediodía, sintiendo frío en la cara y vergüenza en el corazón, caminé con prisa esas cinco o seis cuadras hasta la casa de la calle Florida.
Para el frió llevaba: el saco, una bufanda y la trinchera ..... y para la vergüenza: solo mi usual rostro de piedra. 
Sin lugar a dudas soportaba la vergüenza solamente por la necesidad de sacarme a la profesora Lezama de la cabeza.
A falta de timbre, me presenté golpeando con los nudillos en la despintada y añeja puerta.
Debí insistir varias veces para que minutos después, con un estridente chirrido, se abriera la puerta. Detrás de ella, en una postura semi-encorvada por sus avanzados años y con una piel curtida por el sol, me esperaba Doña Cata vestida con mil y un colores gastados.
La seguí por un interminable corredor hasta una pieza que oficiaba de living y que contaba como único mobiliario con una mesita cuadrada y dos viejas sillas con respaldo tejido.
Solo manchas de humedad decoraban unas altas paredes donde las sombras se balanceaban al compás de la lamparita que colgaba del techo. A su vez la amarillenta lamparita de 25 watts se balanceaba al compás de la gélida corriente de aire proveniente del corredor.
Una raída cortina de tela con estampado de los setenta ocultaba parcialmente de la vista a la pieza contigua. La gastada tela no era lo suficientemente oscura como para disimular el brillo de las velas, ni tampoco el ancho de la misma cubría toda la apertura y por el espacio libre se apreciaban varios estantes con ofrendas y velas que acompañaban variadas estatuas de santos, demonios y viejos retratos en blanco y negro.
Mi observación fue interrumpida por Doña Cata que me invitó a sentarme con un gesto de su mano mientras me decía con voz lúgubre: 
- "Ud. joven vino en busca de respuestas"
Rápidamente comencé a responder: - "Sí, yo quiero saber si Ud. sabe hip .."
Doña Cata me interrumpió levantando su mano, haciendo un gesto de “Alto!” y acto seguido cambió el lúgubre tono de voz por uno más parecido al de un vendedor ambulante y me largó lo siguiente: - 
"¿Quiere que le haga un trabajo de desatar nudos? ¿Quiere provocarle herpes a su jefe? ¿Quiere que saber sobre su futuro y pasado con el Tarot Egipcio? ¿Quiere vengarse de una mujer por despecho? ¿Quiere que le tire los buzios? ¿Quiere que le lea la borra del café? Quiere que le lea los hongos del pie?"
Aturdido por el rápido y confuso discurso, y distraído por el incontrolable movimiento de las arrugadas manos de la anciana no pude elegir una opción.
Doña Cata leyó el desconcierto en mi rostro y decidió arrinconarme. Antes de que yo pudiera abrir la boca ella volvió a la carga con su preparado discurso: - 
"¿Quiere que le haga un trabajo de desatar nudos? ¿Quiere provocarle herpes a su jefe? ¿Quiere que saber sobre su futuro y pasado con el Tarot Egipcio? ¿Quiere vengarse de una mujer por despecho? ¿Quiere que le tire los buzios? ¿Quiere que le lea la borra del café? Quiere que le lea los hongos del pie?"
Con esta repetición logré entender palabras que no capté la primera vez, pero nuevamente demoré mi respuesta. Como Doña Cata no pensaba darme tregua soltó por tercera vez su amplio repertorio de servicios.
Ante de que ella llegara al final de la primera pregunta de mi boca inesperadamente salió un: - “Tarot!!, eso ... Tarot Egipcio”
Como por arte de magia mi voz detuvo su discurso y enseguida como impulsada por un resorte la anciana se levantó de su silla y abandonó la habitación.
A esa altura yo ya estaba más que arrepentido de haber ido a la casa de Doña Cata y solo deseaba que ella hiciera rápido lo del Tarot para pagarle y volver a la oficina.
Mientras Doña Cata del otro lado de la cortina buscaba y revolvía, de este lado yo trataba de recordar las opciones que ella ofrecía...
Eso de “desatar nudos” no me llamaba la atención (lo tenía claro desde que aprendí a atar mis cordones sin ayuda).
Por lo de “los herpes para mi jefe” ... pensé que el pobre tenía más que suficiente con su problema de gota!
Aquello de “tirarme los buzios”, si lo hacía literalmente, podría ser peligroso (recordé la fea experiencia cuando en mi niñez me rompieron un diente de una pedrada y no quería correr el riesgo de que se repitiera la situación).
Lo de “la borra del café” pensé que implicaría tener que tomar primero el líquido y no quería tampoco arriesgar mi salud con un brebaje preparado por la anciana.
Lo que sí me desconcertó fue lo de la “lectura de los hongos del pie”. ¿Cómo podría saber Doña Cata de mi problema de pie de atleta? ¿Sería realmente Doña Cata una vidente? ¿Podría ella ayudarme a descifrar quién era realmente Lezama?
En esos pensamientos estaba cuando me percaté que Doña Cata ya estaba sentada nuevamente frente a mí con un gran mazo de cartas entre sus arrugadas manos.
Luego de entreverar las cartas y pedirme que hiciera un corte, pasó a acomodarlas ocupando la totalidad de la mesa.
Estuve a punto de levantar tres cartas y tocar envido, pero me di cuenta que mi chiste solo alargaría las cosas y me contuve.
Una a una, Doña Cata, comenzó a dar vuelta las cartas en orden aleatorio.
Yo las observaba atentamente en búsqueda de puntos de ataque y defensa (así me había enseñado Tiago cuando jugábamos con sus mazos de Yugi Oh!)
Mi cara de despiste debió ser grande y creo que fue lo que dio pie a Doña Cata para comenzar a hablar. Entonces usando una voz diferente a las anteriores y señalando a las cartas dijo: - 
“Sé de su pasado, sé que ha sufrido” 
Como paya la vieja!, me dije a mi mismo.
“El alejamiento de ese familiar le hizo mucho daño”, continuó diciendo la anciana con el nuevo tono de voz.
Mientras la escuchaba yo pensaba que su discurso se ajustaba fácilmente a un 90 o 95% de sus clientes y que era una manera muy sencilla de robarle la plata a la gente.
“Lo que a Ud. le preocupa tiene relación directa con un suceso reciente que está vinculado a algo del pasado”, dijo Doña Cata. 
Bla, bla, bla, bla, pensé yo.
La anciana hizo una pausa y me miró fijo, directo a los ojos, como intentando leer mis pensamientos. Sin dejarme intimidar le mantuve la mirada mientras trataba de imaginar con que dato intentaría sorprenderme.
Doña Cata volvió a hablar: - 
“Su búsqueda no será sencilla. Ud. mismo lo hace más difícil. En su cabeza convive lo humano con el instinto animal”
Increíble!, pensé en ese momento. Ni que me conociera! solo faltaba enterarme de que la anciana leía con frecuencia mi blog!!
Doña Cata bajó la vista, eligió tres cartas más y las dio vuelta. Al ver las figuras en las cartas sus cejas se alzaron y su boca formó un amplio círculo en señal de asombro.
Una fracción de segundo después, con una voz lúgubre y sin dejar de mirar las cartas, me dijo: - 
“Ud. está poseíiiidooo”
- “¿Poseído?, pregunté yo con la voz casi quebrada, mientras sentía que los pelos de mi nuca se erizaban y que el frío en la habitación se hacía insoportable.
“Sí, poseíiiidoooo”, repitió Doña Cata.
“Poseído porque su mente es débil. La suya es una mente inferior, una mente a medio camino entre el animal y el hombre. Solo las mentes inferiores pueden ser poseídas”
A esa altura la anciana me había hecho pasar del escepticismo al aburrimiento, del aburrimiento a la incredulidad, de la incredulidad al miedo y por último me estaba dejando a la altura de un felpudo!
Yo siempre supe que no era brillante, pero tenía la esperanza de estar dentro del promedio, de la gente “normal”. Nunca pensé que mi idiotez se notara a simple vista pero no cabía duda alguna que la anciana lo había percibido y se quería aprovechar de mí.
- “¿Poseído?, ¿por quién?” pregunté como un bobo, dándole oportunidad a seguir hablando.
- 
“Por una puerta giratoria .......... que Ud. se aspiró!”, respondió Doña Cata señalándome con su huesudo dedo índice.
Sin dejar de mirar la mugre que ella tenía debajo de la uña, pensé aliviado: “Ahhhhhhh!! ahora sí” “y .... hablando de aspirar, ¿ qué carajo se habrá jalado esta vieja cuando se fue sola a la pieza de al lado?"
La anciana se paró de su silla, sin dejar de señalarme, en un gesto que yo interpreté como “hasta acá llegó lo del Tarot”.
Conducido por su voluntad me paré, y enseguida Doña Cata apoyó rápidamente su mano sobre mi espalda y comenzó a guiarme por el pasillo hacia la puerta de salida.
En mi camino hacia la calle traté de buscar mi billetera pero la anciana me empujaba hacia fuera con prisa.
– “¿Cúanto és?”, traté de decir, pero ella interrumpió y me dijo: - 
“El camino que le espera lo debe transitar solo, sin ayuda. Solo así encontrará lo que busca y superará la posesión”
Mientras terminaba su frase apoyó la otra mano en mi espalda y con las dos me dio un gran empujón hacia la calle, cerrando la puerta tras de mí.
Asombrado por las incoherencias y disparates de la anciana me prendí la trinchera y di cuatro o cinco pasos alejándome de allí.
Enseguida pensé que si Doña Cata más tarde se daba cuenta que no le había pagado en su locura sería capaz de dedicarme una Macumba, o incluso de hacer un Muñeco Vudú mío.
Volvía atrás y comencé a golpear repetidamente la puerta en espera de la anciana.
Segundos después se abrió la puerta de la casa de al lado y salió un chico de doce o trece años, con una sonrisa de oreja a oreja, y me miró como asombrado ...
Me dijo: - 
“Se va a gastar las manos golpeando porque ahí hace seis meses que no vive nadie. La casa está abandonada”
- “Yo preciso hablar solo un minuto con Doña Cata, nada más ..” , le respondí.
“No llego a tiempo señor. La vieja de las cinco polleras murió hace seis meses”, dijo él
“Estaba bastante jodida la pobre. Mi madre la cuidaba y le daba una mano cuando podía” , agregó con seriedad/tristeza en su rostro.
- “Noo, yo digo Doña Cata. La que me hizo lo del Tarot”, le respondí para aclarar todo.
"Sí, Doña Cata, la de las cinco polleras. Ella hacía todo eso de las cartas, las velas y los santos. La pobre estaba muy triste porque su hija no venía a verla. Creo que era profesora de Literatura o algo así" ... me dijo el chico, y luego de bajar la vista continuó contándome: - “Yo para ella hice los cartelitos de los árboles para agradecerle que me dijo que siguiera pateando la pelota porque un día el Casal me iba a llevar a Europa. Lo tenés al Paco, no? Nos salvamos! Y me llevo a mi mamá conmigo para Italia o por ahí!”. Terminó así su oración y me regaló otra sonrisa de oreja a oreja. Luego se fue corriendo hacia la esquina con la pelota abajo del brazo, y allí se juntó con dos chicos más que lo esperaban.
Golpeé la puerta un par de veces más, y como la anciana no salió me fui a la oficina a donde llegué con el tiempo justo para almorzar.
El cartel arrugado aún está en el árbol de la parada del 116. Ayer lo volví a leer ...
Con seguridad que el chico de la gran sonrisa me quiso hacer una broma, o no?

Walter Vitureira
Primate esotérico

La Maldición de Tutankamón - Viaje a Egipto

Viaje a Egipto - La Maldición de Tut Ankh Amón y como ésta cambió mi vida


Año 1327 A.C. – En Egipto tras solo 9 años de reinado muere el Faraón Tut Ankh Amón de 19 años de edad.
El mismo día de la muerte del joven Rey, Najtmin en su cargo de “ Supervisor de los trabajos en el lugar de Eternidad” se dispone a realizar los últimos preparativos para el inminente viaje de su Faraón.
Este importante funcionario no fue informado de una última inscripción realizada (por uno de los antiguos sacerdotes del Faraón) en el acceso a la Antecámara, y ajeno a la misma continuó coordinando el ingreso al complejo funerario de las pertenencias de su Rey.
Mientras miraba tantos tesoros no pudo evitar preguntarse:
- Para qué le servirá? ... Realmente piensa que los necesita en su nueva vida? ... Qué sentido tiene enterrarlo con tantas riquezas y pertenencias si sabemos que es muy probable que su tumba sea profanada y saqueada en poco tiempo? 
48 hrs después de su reflexión Najtmin muere deshidratado debido a una misteriosa diarrea.
Debido a la alta deshidratación de su cuerpo su familia considera innecesaria la momificación y lo entierran inmediatamente. Sin Najtmin su familia pierde status dentro de la corte y en poco tiempo quedan en la ruina.
 
Año 1922 D.C – 31 años después de realizar sus primeros trabajos en Egipto, el Arqueólogo Británico HowardCarter localiza en el Valle de los Reyes la tumba de Tutankamón (Tut Ankh Amón).
El día 25 de Noviembre Ahmed (capataz de la cuadrilla de obreros de Carter) evitando tocar el Sello Real del Faraón, trabaja con martillo y punzón sobre una inscripción lateral y logra hacer un importante orificio hacia el corredor de acceso a la Antecámara. Por los golpes parte de dicha pared se desplomó y de esa manera se perdió para siempre la inscripción/advertencia que un sacerdote hiciera casi 3250 años antes.
Excitado Carter introduce una vela por ese orificio y se asoma al otro lado. Al hacerlo se queda mudo.
Su socio y sponsor LordCarnarvon le pregunta si ve algo, a lo que Carter responde: “cosas maravillosas!”
Al finalizar el día, mientras realizaba un inventario de los tesoros encontrados, un deslumbrado Carter se pregunta:
Le habrá servido de algo todo esto? ... Realmente pensaría “Tut” que necesitaba esto en el más allá? ... Qué sentido tuvo enterrarlo con tantas riquezas y pertenencias si nosotros finalmente encontramos su tumba, la profanamos, y nos quedaremos con gran parte de sus tesoros? 
17 años y 48 hrs después de su reflexión Carter moría deshidratado debido a una misteriosa diarrea.
Su familia de alta alcurnia, intentando evitar el bochorno y la humillación pública, logro que su médico personal extienda un certificado de defunción por causas naturales. Howard Carter fue rápidamente enterrado en cementerio de Putney Vale, al oeste de Londres, en 1939.
 
Año 1996 D.C – Claudia y yo estábamos realizando un viaje increíble, algo soñado durante mucho tiempo.
Egipto nos recibió, nos abrazó, nos abrasó, y además superó ampliamente todas nuestras expectativas.
Cada día nos deslumbraba una nueva visita, un nuevo palacio, una nueva ciudad.
Durante el viaje pudimos conocer el legado de una civilización asombrosa, recorriendo desde el Gran Templo de Ramses II en Abu Simbel hasta las maravillosas Pirámides en Gizah.
Quien haya recorrido Egipto difícilmente lo pueda olvidar .... ni su gente, ni sus arenas, ni su sol.
Sol que sin piedad nos castigaba ese día mientras visitábamos el Valle de Los Reyes.
Ya habíamos pasado por la tumba de Sethy I, y habíamos parado frente a la entrada a la tumba más famosa de la necrópolis: la tumba de Tutankamón.
El cansancio se hacía sentir ya que las visitas se hacían tanto en la mañana como en la tarde y el mediodía no era precisamente tiempo de descanso (luego del almuerzo siempre era hora de “juerga y fiesta” en la piscina del crucero que estábamos realizando por el Río Nilo).
La suma del cansancio más el implacable sol nos obligó a realizar esa breve parada, justo en el acceso de la famosa tumba, parada que aprovechamos para hidratarnos con agua mineral embotellada.
Además de reponer energías, nos tomamos unos minutos para sacar fotos del cartel de la entrada a la tumba con el nombre del correspondiente “usuario” de la misma.
Mientras hacíamos todo esto tuve la poco brillante idea de ponerme a pensar sobre la tumba y sus riquezas:
Le habrá servido de algo todo esto? ... Realmente pensaría “Tut” que necesitaba esto en el más allá? ... Qué sentido tuvo enterrarlo con tantas riquezas y pertenencias si después Carter profano su tumba y se quedo con gran parte de sus tesoros? 
48 hrs después Juan Carlos (de Holiday Tours), Claudia y yo cenábamos unas fajitas y tomábamos unos Margaritas en el restaurante/cantina mexicana del Hotel Intercontinental Cairo Semiramis, a orillas del Nilo.
El local estaba lleno de punta a punta y los tres tuvimos que acomodarnos en la barra del mismo.
Entre las risas por las anécdotas de los últimos días, sentí un primer gruñido en mi bajo vientre.
La sombra de una misteriosa diarrea se cernía sobre mí y aún no lo sabia.
Ignorando el anuncio de la tormenta intestinal que se avecinaba, seguí ingiriendo la comida mexicana preparada con dudosos ingredientes árabes.
A los pocos minutos llegó la réplica del primer temblor, la cual se manifestó peligrosamente más potente.
Luego se comenzaron a suceder uno tras otro los intensos cólicos, los cuales me llevaron a quedar casi en posición fetal sobre mi banqueta. Decidí no hacer el ridículo, abandonar la posición e ir al baño.
En ese momento no relacioné mis pensamientos/reflexiones de 48 hrs. antes (frente al acceso a la Antecámara de la tumba) con lo que me sucedía.
Mi principal preocupación era no dejar sola a Claudia, expuesta a las miradas de buitres de los árabes locales que pululaban en la cantina. Nuestro amigo Juan Carlos quedó de custodio y luego de asegurarme que me esperarían juntos salí en búsqueda del baño, el cual por indicaciones del barman no se encontraba dentro si no fuera del local pero en el mismo piso del hotel.
El camino hacia el baño estaba totalmente desierto y solo se oían mis apresurados pasos repicar sobre el lujoso piso de mármol. Para cuando logré llegar a los servicios sanitarios ya mi frente estaba poblada de pequeñas gotitas y yo solo deseaba poder dar rienda suelta a mis necesidades biológicas.
Entré al baño como un viajero sediento se interna en un oasis ....
El baño era impresionante y realmente daba lástima usarlo. El lujo se correspondía con la categoría del hotel.
Sin perder más tiempo me aboqué a mi labor.
5 minutos .... 10 minutos ..... 15 minutos ... el tiempo pasaba y yo seguía peleando ininterrumpidamente ...
20 minutos ... 30 minutos .... 40 minutos ... contra cualquier pronóstico seguía peleando y resistiendo ...
Llegó un momento en el cual perdí la noción del tiempo y mi soledad en el baño no solo era física sino también espiritual. Me sentía solo, agotado, desprotegido y lejos de casa.
De pronto la voz de Juan Carlos, desde la puerta del baño, me sacó de mis delirios: - Walter estás ahí?
- ahí... ahí .. ahí ... repitió un débil eco en el baño
- Acá sigo ....(le respondí yo) .. – Pero no puedo parar!! No puedo moverme del inodoro ...
- Claudia está acá afuera conmigo. Estábamos muy preocupados porque te fuiste hace como una hora ... Decidimos pagar y salir del restaurante a buscarte ... dijo Juan Carlos con voz mas relajada ahora
- Sigan allí al firme, que yo en unos minutos voy a intentar abandonar el wc. La verdad que no sé como voy a lograrlo, pero estén preparados para salir volando en un taxi hacia nuestro hotel – respondí decidido
Minutos más tarde realicé un primer intento. No logré ni siquiera subirme los pantalones ...
Después del primer fallido intento me dí cuenta que precisaba un plan para salir airoso de la situación.
Estábamos en Cairo a orillas del Nilo, en el corazón de la ciudad y teníamos que volver a nuestro hotel en Gizah: Hotel Forte Grand Pyramids solo a 25kms de distancia!!
Por no ser previsor no cargaba en mi persona con ningún pañal geriátrico (que me hubiera venido al pelo en esta situación), pero eso no me impedía improvisar ...
Abusando de la opulencia de las instalaciones del baño, tome un rollo completo de papel higiénico y me fui armando una especie de colchón/pañal el cual interpuse entre mi cuerpo y mis calzoncillos, allí donde la espalda pierde su nombre. Me aseguré de hacerlo bien mullido, plegando capa tras capa del suave y absorbente papel y también de que ningún retazo de papel se escapara de mis pantalones por la cintura.
Apreté otro rollo bajo mi axila, me lavé las manos lo más rápido posible (enjuagando también mi cara) y salí disparado del baño ......cada segundo contaba y no podía perder demasiado tiempo
A la carrera agarré a Claudia de la mano y salimos disparados hacia el lobby del hotel.
En segundos estábamos en la calle donde no menos de cinco o seis taxis esperaban estacionados.
Las pocas fuerzas que me quedaban las estaba agotando con mis presurosos pasos y mis “reservas” las guardaba solo para el control de esfínteres.
Juan Carlos se adelantó y comenzó a hablar con el conductor del taxi más cercano.
Pensando que simplemente le estaba dando la dirección de nuestro lejano destino amagué a subirme al auto.
El taxista apoyó su mano sobre la puerta impidiendo que yo la abriera y ahí comenzaron las discusiones entre el conductor y Juan Carlos ....
El conductor gesticulaba y hablaba elevando mucho su voz, “tirando” palabras en ingles, italiano y algo en español, mientras que Juan Carlos movía y movía las manos argumentando. Mientras yo me desesperaba. Claudia se acercó a ellos y volvió rápidamente para aclararme: - Está negociando el precio. A los árabes les encanta regatear y consideran ese paso parte importante de su trabajo ...
Nuevamente con mi frente llena de perlitas casi grite: - Dejate de joderrr que pagamos lo que pida. Yo casi me estoy cagando de nuevo. No pierdan más tiempo!
Nos subimos al auto, un modelo de mediados de los 80 bastante baqueteado.
Yo iba tan blanco como el papel de mis calzoncillos, siempre respirando hondo y haciendo control mental.
El viaje hacia nuestro hotel fue una tortura de aproximadamente 40 interminables minutos.
Renombré cada pozo y cada bache de la ciudad en honor a la rama femenina de la familia del conductor, pero con orgullo puedo decir que me aguante como un Duque y llegue a destino sin usar mi improvisado pañal.
Subí a nuestra habitación apenas con el tiempo justo para entrar al baño y bajarme los pantalones ...
Retomé el tema en el mismo punto donde lo había dejado en el baño del Intercontinental, y así seguí el resto de la noche con continuos viajes desde la cama al baño y viceversa. A la intensa y misteriosa diarrea se le sumaron náuseas, algo de fiebre y un enorme agotamiento muscular.
A primera hora de la mañana, como seguía estando más tiempo en el baño que fuera de él, vino a nuestra habitación el Dr. Carlos Perez (compañero de viaje) en una visita profesional de cortesía.
Compadecido me dió unas pastillas de Motilium y Domper para tratar de aliviar mi situación.
Para ser sincero con Uds. cuando llegó el Dr. Perez en mi desesperación yo ya había vendido mi alma.
Sí, tal cual se se los cuento, a eso de las 4 o 5 de la mañana ya vencido físicamente y quebrado moralmente le juré al Faraón Tut Ankh Amón que si me perdonaba dedicaría el resto de mis días a venerarlo, y que haría de mi morada un templo de su idolatría y adoración.
En el momento, avergonzado de mi juramento, no le dije nada a Claudia y ella asumió que mi mejoría se debió a los medicamentos recetados por Don Carlos, pero yo conocía el verdadero motivo de mi recuperación.
Esa misma noche Claudia y yo dejamos Egipto en un vuelo de El Al con destino hacia Israel.
Yo me llevé en el corazón a Egipto y también dejé parte de mí en ese país (en las cloacas).
Como soy hombre de palabra, hoy mis aposentos tienen una decoración faraónica. La pieza de decoración principal, objeto de toda la atención, es un cuadro de la máscara de Tut (hecha de oro, lapislázuli y turquesa).

Datos importantes verificables:
Maldición de Tutankhamón:
La ciencia tiene varias hipótesis normalmente aceptadas; una es que en el aire viciado de la tumba habría esporas de hongos microscópicos, conservadas durante varios milenios, que aún fueron capaces de infectar a varios de los exploradores al inhalar el aire viciado.
(En lo personal estoy convencido que no es así)
Faraón Tutankhamón:
No fue un faraón notable ni conocido en épocas antiguas; el tamaño relativamente pequeño de su tumba (KV62) fue la razón de que no fuera descubierta hasta el siglo XX.
Nombre del Faraón:
Al nacer se le asignó el nombre de Tut-Ankh-Atón, que posteriormente cambió a Tut-Ankh-Amón, cuando en el ocaso de la revolución teológica de Amarna se abandonó el culto al dios Atón (volviendo al viejo panteón egipcio beneficiando primordialmente al dios Amón)
Sé que muy poco antes de su muerte, en su propia corte lo llamaban
Tut-Ankh-Agón lo que confirma totalmente la existencia de la maldición.

Walter Vitureira
Primate Faraónico